El invierno no solo trae abrigo y calefacción: también cambia las reglas del juego para tu piel. El frío, la baja humedad y el aire caliente de interiores favorecen la pérdida de agua a través de la piel y debilitan la función de barrera, lo que se traduce en tirantez, descamación, rojeces o picor, especialmente si tienes piel seca o sensible.
La buena noticia es que, con una rutina sencilla y constante, puedes mantener la piel confortable y con buen aspecto durante toda la temporada invernal.
Limpieza suave: menos es más (y el agua muy caliente no ayuda)
En invierno conviene revisar cómo te limpias la piel:
- Reduce la temperatura de la ducha: el agua muy caliente puede irritar y empeorar la sequedad. Opta por agua templada y duchas más cortas.
- Elige limpiadores suaves y sin perfume: geles agresivos o muy espumantes pueden arrastrar lípidos protectores.
- No hace falta “enjabonarse todo” cada día: sobre todo si tu piel se reseca con facilidad. Mantén la higiene de zonas clave y evita el arrastre constante en el resto del cuerpo.
Tip práctico: al secarte, mejor “tocar y presionar” con la toalla que frotar.
Hidratación inteligente: timing y textura lo son todo
En invierno, la hidratación no va de tener 10 productos: va de aplicar el adecuado, en el momento adecuado.
- Hidrata justo al salir de la ducha (con la piel aún ligeramente húmeda). Así “sellas” el agua en la piel.
- Sube la densidad del hidratante: muchas pieles necesitan pasar de lociones ligeras a cremas más ricas y, si hay zonas muy secas, incluso pomadas por la noche.
- Frecuencia: si tu piel lo pide, reaplica. En pieles muy secas, los emolientes pueden usarse varias veces al día (manos y cara especialmente).
Protector solar también en invierno (sí, también)
Un error típico es “guardar” el protector solar hasta primavera. En realidad, la protección solar es para todo el año.
- Se recomienda SPF 30 o más en las zonas expuestas (cara, cuello, orejas, manos).
- Si vas a la montaña o la nieve: la nieve puede reflejar hasta el 80% de la radiación UV, y la exposición aumenta con la altitud.
Labios y manos: el “plan de rescate” rápido
Son las zonas que más sufren: grietas, piel levantada, escozor…
- Bálsamo labial con frecuencia y una capa más generosa por la noche si tienden a agrietarse.
- Guantes y prendas de abrigo: barrera física es sinónimo de menos agresión directa del frío.
- Para manos muy secas: crema de manos cerca del lavabo y reaplicar tras lavados.
Exfoliantes y retinoides sin forzar
En invierno, muchas pieles toleran peor ciertos activos.
- Algunos dermatólogos recomiendan reducir la frecuencia o concentración de ingredientes potencialmente irritantes o secantes (como glicólico, salicílico o retinoides) si notas más sensibilidad.
Si entrenas o vas a piscina o spa: cuida el antes y después
Si tu rutina incluye piscina, duchas frecuentes o spa, en invierno conviene ser más estratégico:
- Aplica emolientes antes y después de nadar (dejando que se absorba antes de entrar al agua) y volver a hidratar tras la ducha.
- El cloro y los jacuzzis pueden resecar más: si notas la piel reactiva, reduce tiempo de exposición y compensa con mucha hidratación.
Mini checklist (para hacerlo fácil)
- Duchas cortas y templadas, y limpiador suave.
- Hidratante más denso, aplicado al salir de la ducha.
- SPF 30+ a diario en zonas expuestas.
- Labios y manos: bálsamo y crema frecuente, además de guantes cuando toque.
- Humidificador o más humedad en casa si hay calefacción fuerte.
- Ajusta exfoliantes/retinoides si notas irritación.
También puedes optar por diferentes tratamientos con profesionales para reactivar tu piel. ¡Recuerda que puedes preguntar en tu club acerca de los servicios de estética!


